No es qué preguntas, es cómo lo preguntas

Hay preguntas que, sobre todo cuando no hay confianza entre las personas, preferimos no hacer. Son ese tipo de preguntas que consideramos delicadas y que pueden incomodar a la otra persona: ¿cuánto ganas? ¿has robado alguna vez?

Esa reticencia a hacer preguntas delicadas refleja errores de previsión conversacional; sin embargo, ¿es cierta esa creencia? ¿realmente se produce una gran incomodidad en la otra persona?

Estudios realizados

Varios investigadores de universidades de Estados Unidos han realizado cinco estudios experimentales que muestran como las personas evitan hacer preguntas delicadas porque creen que hacerlas incomodará a sus interlocutores y generará percepciones negativas.

El estudio se llevó a cabo con más 1.400 participantes que entablaron conversaciones en pareja. En algunos casos eran amigos, simplemente conocidos en otros e incluso parejas de desconocidos. Las conversaciones se hicieron tanto cara a cara, como a través de un chat.

La clave de los experimentos estaba en que, durante la conversación, uno de los participantes tenía instrucciones de hacer preguntas personales, del tipo que ya hemos comentado: ¿cuánto ganas?, ¿has robado alguna vez? ¿has tenido que pedir dinero? ¿Has sido infiel a tu pareja?

Muchos de los participantes fueron reacios a realizar este tipo de preguntas, por lo que se introdujo un cambio en el experimento. En esta variante del estudio, se pagaba a las personas por hacer esas preguntas e incomodar a su interlocutor. El hecho de que se gratificará, hizo aumentar el número de preguntas incómodas; aún así, muchos prefirieron no hacerlas.

¿Cuáles fueron los resultados?

Los resultados de la investigación demuestran que, en general, quienes preguntan sobreestiman significativamente el coste interpersonal de hacer preguntas delicadas. Lo cierto es que las personas que fueron preguntadas (amigos, conocidos o desconocidos) se molestaron mucho menos de lo que esperaban las personas que hicieron esas preguntas incomodas. De hecho, el tipo de relación inicial que existía y el grado de comodidad en la conversación, no cambió.

Es importante la manera de preguntar

Como decimos, las personas no se sintieron especialmente incómodas por las preguntas. Algunas, incluso, pensaban que así se profundizaba en la relación. Lo que si pareció ser importante es la manera en que se hacían las preguntas. Los investigadores recomiendan que se explique la razón por la que se hace la pregunta y de qué manera se va a utilizar esa información.

Más información

«The (better than expected) consequences of asking sensitive questions». Einav Hart et al. en Organizational Behavior and Human Decision Processes, vol. 162, págs. 136-154, 2021.